Tribuna

Los científicos reciben de la prensa el trato que merecen

The scientists get the press they deserve

Neil Calder

En cuanto un grupo de personas se reúnen para hablar de lo que se puede hacer para conseguir una mayor promoción de los temas científicos y para mejorar la comunicación científica, antes o después empiezan las quejas sobre lo mal que trata la prensa a la ciencia: «los artículos son banales», «no se le da suficiente cobertura», «se simplifica demasiado», «los medios se centran en lo espectacular y se olvidan de los resultados más importantes», «¡si veo otra foto del Shoemaker Levy me voy a poner a gritar!». Estoy seguro de que estos sentimientos están, por lo general, justificados. La cuestión es por qué los medios dan un trato insatisfactorio a la ciencia. Siempre recogemos en razón de lo que sembramos y también en este caso la cobertura mediática refleja el poco interés de la comunidad científica por informarse de cómo funciona la prensa.

Una primera pregunta que hay que hacerse es si queremos de verdad una gran cobertura mediática. El proceso científico es lento y con motivo. Hay que hacer experimentos, tomar datos, analizar resultados, escribir artículos, revisarlos por pares y, cuando corresponda, publicarlos. Todo ello puede llevar mucho tiempo y los científicos tienen razones para tomar la precaución de no hablar con la prensa antes de que la propia comunidad científica haya dado el visto bueno a su investigación. Cada paso adelante queda grabado en la historia de la ciencia y es de esperar que tenga una vida infinita. La prensa es completamente diferente. Los plazos límite de un periodista se cuentan en horas, tiene que vender «su noticia» al director y, si éste la acepta y llega a imprimirse, tiene un período de vida de un día. A continuación cae en el olvido y el periodista tiene que salir a la caza de otra noticia. ¿Están preparados los científicos para adaptarse a este método tan diferente al suyo? ¿O resulta más seguro mantenerse en una posición más discreta y aceptar el bajo nivel de cobertura actual? Sería un error alterar el método científico para que se adaptara al ritmo de la prensa, pero si queremos cobertura, tenemos que diseñar estrategias que permitan que la investigación científica llegue al público manteniendo a la vez la credibilidad.

¿Qué podemos hacer? No hay que pensar que los medios no quieren dar cobertura a las noticias científicas. Por la experiencia que tengo, se toman un gran interés en informar al público de lo que sucede. Pero, ¿podemos darles lo que necesitan? Para ganarse el interés de los medios lo principal es darles temas. Los periódicos trabajan con eso precisamente: ¡noticias! Todo periodista necesita un tema con gancho para convencer a su director de que publique su noticia. Nosotros, los científicos, debemos ofrecerles noticias, lo que no significa que se deba sacrificar el tratamiento escrupuloso y en profundidad del tema científico. Sin embargo, debemos presentar nuestro trabajo de modo que enseguida resulte atractivo. La noticia primero, y después el contenido y el contexto necesario para explicar la historia. En demasiadas ocasiones los científicos explican con gran detalle la teoría y la metodología usada en su investigación y no consiguen presentar su trabajo como una noticia.

Pero, ¿qué es una noticia? Cualquier cosa que afecte directamente a la vida de cada día del público en general o que influya en su cultura general se convierte de inmediato en una noticia. Un buen ejemplo de ello es el inmenso interés periodístico que creó la producción de los primeros átomos de antihidrógeno en el CERN. Desde un punto de vista científico fue un resultado esperado y cuyo interés principal se basaba en lo ingenioso de la técnica empleada. ¿Por qué entonces apareció en los noticiarios de televisión de casi todos los países del mundo? Sinceramente, debido a «Star Trek». Todo el mundo sabe que la nave estelar Enterprise se mueve mediante un propulsor de antimateria. La creación de átomos de antimateria de pronto llevó de algún modo la ciencia ficción al mundo de lo posible. Casi todos los artículos sobre la noticia iban ilustrados con una fotografía del Dr. Spock. Apareció una tira cómica en los periódicos americanos que representaba a Bill Clinton y a Newt Gingrich como materia y antimateria con un pie de foto que decía «¡El Newtrón y el Clintrino, dos partículas que cuando colisionan no producen absolutamente ninguna energía!». Esta investigación arraigó enseguida en la cultura pública y el interés de la prensa fue enorme. El truco está en encontrar el modo de relacionar cada investigación científica con el día a día de las personas; los científicos deben alejarse por un momento de los complejos detalles tecnológicos y pensar en el impacto que puede tener su investigación en la sociedad. Este impacto es la noticia. Los experimentos para comprobar el proceso de creación de los elementos transuránicos no son noticia. No obstante, estos mismos procesos crearon oro al explotar algunas supernovas y «¡Los científicos descubren de dónde salieron los pendientes de su mujer!» sí es una noticia.

Otro punto vital que hay que entender es que la prensa es cada vez más visual. La televisión tiene miles de millones de espectadores y si queremos que éstos se interesen por la ciencia, las noticias científicas tienen que ir acompañadas de material gráfico y filmaciones de primera clase. La razón de que veamos tantas imágenes sobre las misiones espaciales de la NASA es que en la organización espacial disponen de una oficina de prensa al más alto nivel mundial que ofrece magníficas imágenes en vídeo que las cadenas de televisión pueden utilizar directamente. ¡Casi se podría deducir que la NASA escoge sus misiones basándose en su potencial como fuente de magníficas imágenes! Y últimamente la prensa escrita también se está viendo dominada por la fotografía y los gráficos. Muchos periódicos de primera línea tienen portadas a todo color, algo que resultaba inconcebible hace pocos años. Una noticia científica debe ir acompañada de un elemento fotográfico importante si quiere tener alguna oportunidad de competir con otras noticias. Lo primero que hacen las universidades científicas o los institutos científicos es construir una biblioteca fotográfica sobre sus investigaciones. Estas fotos deben ser impactantes, deben usar efectos de luces y, siempre que sea posible, debe aparecer en ellas alguna persona. En este aspecto tenemos la ventaja de que la mayor parte de las investigaciones científicas ofrecen imágenes magníficas. Si quieres que tu experimento salga en la televisión, tendrás que poder aportar una grabación en vídeo estándar profesional. Haz una grabación en vídeo de los aspectos más llamativos visualmente de tu investigación (no es imprescindible que tenga sonido) y envíasela a los programas científicos de televisión de tu país. Si las imágenes tienen fuerza, los periodistas vendrán a cubrir tu experimento. Cada vez más es la fotografía y el vídeo lo que vende la noticia, abandonándose así la idea tradicional de que las fotos son una ilustración que acompaña al texto.

El trabajo de un periodista consiste en analizar las dos caras de la noticia, mientras que nosotros estamos normalmente tan implicados en nuestra investigación que estamos convencidos de su utilidad y su importancia. Todo artículo periodístico supone una discusión, y si quieres que aparezca en los periódicos tienes que aceptar que tu trabajo reciba críticas. Los científicos suelen creer que si explicamos al público en general la complejidad de la ingeniería genética o de la violación de la ley de compensación de cargas, inmediatamente éste nos dará su apoyo y querrá participar en la financiación de nuestra investigación. Éste no tiene por qué ser el caso. Aun cuando lo entiendan, pueden seguir pensando que se trata de una pérdida de tiempo y de dinero. Podemos estar seguros de que cualquier buen periodista presentará los pros y los contras de cualquier investigación. No cabe ninguna duda. Un artículo absolutamente destructivo es tan raro como uno que únicamente tenga palabras de elogio. La gran mayoría de artículos se basan en la discusión.

Una de las críticas más frecuentes sobre la forma de tratar los temas científicos en la prensa es la de que los artículos son inexactos. En caso que esto ocurra, será normalmente culpa del científico. Los periodistas no son malintencionados: escriben lo que entienden. Si la presentación y la explicación de un tema es pobre, el artículo será confuso e impreciso. No obstante, algunos accidentes que podrían parecer desastrosos pueden convertirse en dones divinos. El mayor acelerador LEP del CERN tuvo que pararse recientemente a causa de la aparición de dos botellas de cerveza Heineken que inexplicablemente habían llegado hasta el emisor del rayo. Un desastre temporal para el laboratorio, pero un gran éxito mediático, puesto que los periodistas de todo el mundo tuvieron la oportunidad de ejercer su creatividad en los titulares: «Una botella en el punto de mira de las partículas», «¡Heineken llega donde ninguna otra cerveza ha llegado nunca!».

A veces los científicos pueden ser algo derrotistas. Hace poco contacté con un físico para acordar una entrevista. Me preguntó: «El periodista que va a venir, ¿está doctorado en física de partículas?». «No», le contesté. «Ah, bueno, pues en ese caso no hace falta que venga, porque no va a entender una palabra de lo que le diga». Este tipo de actitud debe cambiar y lo único que hace falta es un pequeño y sencillo reajuste mental por nuestra parte. La complejidad relativa de los temas científicos sin duda los hace difíciles de explicar, pero comparados con la evolución de la tendencia bursátil en Japón o con la volatilidad del mercado de futuros, son pan comido. Y además, estos temas aparecen en todos los periódicos casi diariamente. Recordemos las palabras de Richard Feynman: «Si no eres capaz de explicar tu trabajo a tu abuela, en realidad no lo entiendes ni tú mismo».

Si los medios de comunicación tienen que dar una mayor cobertura a los temas científicos, tendrá que ser la comunidad científica la que se adapte a las necesidades de los medios. Debemos comprender sus necesidades y adoptar una mentalidad abierta. No obstante, tal como dijo el editor de The New York Times, Arthur Hays Sulzberger, «creo en una mentalidad abierta, pero no tan abierta como para dejar que se escape el sentido común». Tenemos que encontrar el modo de cambiar de estilo sin traicionar nuestras costumbres.

 

Neil Calder

Su carrera profesional la inició como profesor de literatura inglesa en la Universidad de Orán en Argelia. Allí, tras comprobar que a sus estudiantes les interesaba más el inglés que hablaban en las plantas de gas natural que la poesía, comenzó un curso especializado en inglés tecnológico. Su formación en este campo le llevó en 1979 al laboratorio europeo de partículas físicas, CERN, donde preparó un curso de comunicación científica para técnicos de ese centro. En la actualidad es el jefe de la oficina de comunicación del CERN. Su trabajo le ha enseñado que las mayores dificultades aparecen cuando los científicos intentan explicar sus intenciones a los políticos y al público en general. En su interés particular por comunicar la ciencia ha organizado y presidido numerosas conferencias internacionales sobre este tema, la ciencia para la sociedad. Le encantaría que su experiencia fuese útil a la Asociación Europea para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología. Además es miembro del Consejo de gobierno de Euroscience.

neil.calder@cern.ch