Crónica

Desbloquear el futuro. La importancia de la comunicación científica

Unlocking our future. The science communication’s relevance

«Los Estados Unidos de América deben mantener y mejorar su posición privilegiada en ciencia y tecnología con el fin de avanzar en el conocimiento humano del universo y de todo lo que éste contiene, así como mejorar las vidas, la salud y la libertad de todos los seres humanos»

http://www.house.gov/science/science_policy_report.htm

 

El pasado 24 de setiembre, el Comité Científico de la Cámara de Representantes de Estados Unidos presentó al Congreso un documento que sienta las bases para el desarrollo a largo plazo de una nueva política nacional en ciencia y tecnología. Con el título «Unlocking our future toward a new national science policy», el comité efectúa una serie de recomendaciones sobre cómo mantener una «empresa científica saludable» y cómo se puede reforzar ésta en el futuro.

El comité dedica un capítulo íntegro a la comunicación de la actividad científica, destacando como claves de actuación la necesidad de establecer puentes entre científicos y periodistas, la importancia de comunicar para mantener el apoyo a la ciencia y, por último, la «obligación» de informar a la sociedad sobre la actividad científica financiada mediante fondos públicos.

Reproducimos aquí este capítulo, pues representa una apuesta clara por la comunicación de la ciencia. El tiempo dirá si esta iniciativa da sus frutos o bien queda en una mera declaración de intenciones.

 

 

Hacia una nueva política científica nacional

«Si conseguimos descubrir una teoría [unificada y] completa [del universo], ésta debería ser al mismo tiempo comprensible en sus conceptos más amplios para todos, no sólo para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente normal, podremos tomar parte en la discusión sobre por qué existimos nosotros y el universo. Si encontramos una respuesta a esa pregunta, significaría el máximo triunfo del razonamiento humano, puesto que de ese modo comprenderíamos a Dios.» [1988]

Stephen William Hawking (1942-)

 

«Los literatos en un extremo; en el otro, los científicos...

Entre ambos, un mar de incomprensión mutua.» [1959]

Sir Charles Percy Snow (1905-1980)

 

Una de las ironías de nuestra era moderna es que, aunque nuestra sociedad depende de la ciencia como nunca antes, la labor de los científicos sigue siendo un enigma para la mayoría de la gente. Tal como sabe cualquier persona ajena al mundo de la ciencia que haya echado un vistazo a una revista científica, el lenguaje de la ciencia es prácticamente incomprensible para el hombre de la calle. Aunque estas publicaciones no se escriben para un público general --ni debería ser ese el caso-- quizá son el ejemplo más claro de la enorme distancia que separa a los científicos del resto de la sociedad.

Si vamos a seguir concediendo a las iniciativas científicas nuestra consideración y nuestro apoyo, es absolutamente necesario encontrar un modo de traducir la grandeza y los beneficios que nos ofrece la ciencia al lenguaje de la gente. Los científicos tienen historias maravillosas que contar, pero con demasiada frecuencia se cuentan mal, si es que se cuentan. Los educadores y los periodistas tienen un papel importante en la comunicación de los logros de la ciencia, pero los científicos deben reconocer que ellos también tienen la responsabilidad de hacer la ciencia más accesible y próxima al público.

 

Construir un puente entre científicos y periodistas

No podemos confiar exclusivamente en un sistema educativo mejorado para que los americanos reciban la educación científica y matemática que necesitarán para navegar con éxito por el mercado laboral de hoy día, de gran contenido técnico, y para que puedan tomar decisiones razonadas sobre política. El hecho de que la base de conocimientos necesarios para comprender la información científica sea cada vez mayor significa que para ser cultos en cuestión de ciencia debemos seguir un proceso de aprendizaje continuo. Jim Hartz, antiguo coanfitrión de Today Show, y el Dr. Rick Chappell, director de comunicación científica y de investigación y profesor adjunto de física en la Universidad de Vanderbilt, manifestaron en su testimonio escrito (conjunto) que «se ha producido una tremenda explosión de nuevos conocimientos científicos durante los años de nuestra vida. Nadie puede saberlo todo. Muchos científicos incluso afirman que tienen dificultades para mantenerse informados acerca de las últimas investigaciones realizadas sobre sus propias especialidades».

Para poder trasladar la información relevante desde la primera línea de la investigación a las páginas de los periódicos y llevarla a los comedores de la gente a través de la televisión, los periodistas y los científicos deben estar dispuestos y preparados para comunicarse entre ellos. Eso no es siempre fácil. Hartz y Chappell, con sus puntos de vista periodístico y científico respectivamente, definieron el problema básico así: «Los científicos se quejaban de que los periodistas no entendían gran parte de los fundamentos de sus métodos, incluida la revisión por pares, la naturaleza creciente de la ciencia, y la interpretación correcta de estadísticas, probabilidades y riesgos. Por su parte, los periodistas se quejaban de que los científicos hacían un uso exagerado de la jerga propia de esos temas y que no conseguían explicar su trabajo de forma simple y comprensible». La consecuencia de este aparente callejón sin salida es que algunas buenas historias pueden perderse debido a la falta de comunicación.

La mayoría de americanos adquieren la información sobre avances científicos de los periódicos locales o de la televisión. Muchos grandes periódicos hacen una labor creíble en su cobertura de información científica, y algunos tienen incluso una sección de ciencia, pero muchas publicaciones locales no tienen los medios necesarios para dedicarse a temas científicos que, a veces, resultan difíciles de redactar y que puede que no atraigan a una gran audiencia. Deborah Blum, periodista científica que ganó un premio Pulitzer con el tema de la abeja de Sacramento, declaró que los lectores sí muestran una respuesta a los artículos científicos cuando éstos están bien hechos. Pero también observó que la redacción de este tipo de noticias requiere una confianza mutua entre el científico que está siendo el objeto de la historia y el periodista que la escribe.

El consejo de Blum para mejorar la comunicación entre los científicos y la prensa es representativo del tipo de consejo que dieron otros ante el comité. Así, Deborah Blum afirmó que, en su opinión, «los estudiantes de periodismo deberían hacer por lo menos un curso introductorio de redacción científica. También necesitamos [...] talleres de prácticas en los periódicos, revistas, canales de televisión y emisoras de radio ya existentes [...] Además deberían diseñarse programas de estudio para los directores de los medios». Por otra parte, se mostró a favor de una mayor práctica en comunicación científica: «Yo diría que se debería exigir a todo el que se dedique a la ciencia que haga un curso de comunicación científica, para que aprenda que la comunicación con el público es parte del trabajo [...] [Los científicos] saben muy poco sobre la cultura del periodismo: qué es noticia, cómo hablar con los periodistas, etc.».

Está claro que el espacio que separa a científicos y periodistas amenaza con expandirse. Para acabar con él es necesario que científicos y periodistas aprendan a tener en consideración el trabajo de unos y otros.

Las universidades deberían plantearse el ofrecer a los científicos, como parte de sus prácticas universitarias, la oportunidad de realizar por lo menos un curso de periodismo o comunicación. Las facultades de periodismo también deberían animar a los estudiantes a que sigan por lo menos un curso de redacción científica.

 

 

La importancia de la comunicación para que el público

se interese por la ciencia

Es muy importante eliminar el espacio que separa a los científicos y a los medios, y no hay otro modo de establecer una comunicación directa entre los científicos y la gente de la calle sobre el trabajo de los primeros. Precisamente debido a que, en parte, la ciencia debe competir por la financiación necesaria con otros intereses muy variados, es fundamental poder despertar el interés del público a través de una interacción directa.

Sin embargo, con demasiada frecuencia los científicos o ingenieros que deciden dedicar parte de su tiempo a hablar con los medios o con el público pagan un alto precio profesional. Este tipo de actividades les roban un tiempo precioso de su trabajo, y de ese modo pueden poner en peligro su capacidad para competir por becas o subvenciones. Incluso los que resultan tener cierta facilidad para la comunicación en público se encuentran a menudo con que tienen que pagar un alto precio ante sus compañeros.

El profesor Dr. Stuart Zola, de la Universidad de California, en San Diego, es un científico que ha entrado en el circuito comunicativo con el público con bastante éxito. Zola considera de gran importancia conseguir un apoyo institucional para realizar este tipo de tarea: «Es básico que los cargos institucionales, empezando por los de máximo nivel, reconozcan la importancia de la comunicación de la ciencia al público, y que den apoyo a la difusión de información sobre ciencia y sobre temas relacionados con la ciencia».

Dirigirse al público es una de las mejores formas que tienen los científicos y los ingenieros para llegar a las audiencias y compartir el entusiasmo que depositan en su trabajo, educando al público sobre ello. Puede hacerse hablando en centros cívicos y otras organizaciones, trabajando con profesores en las escuelas, e invitando a grupos de personas interesadas, como por ejemplo estudiantes, a los laboratorios. Sin estos esfuerzos, el apoyo a la ciencia puede ir a menos.

Los científicos y los ingenieros, en especial los que tienen aptitudes para hablar en público, deberían animarse a sacar tiempo de su investigación para educar al público sobre la naturaleza y la importancia de su trabajo. Los que lo hacen, incluidos los investigadores universitarios becados, no deberían ser penalizados por sus jefes o sus compañeros.

 

Mantener al público al corriente de la investigación financiada con fondos públicos

La investigación financiada por el Gobierno debería estar a disposición del público en general con más rapidez, para informar a la gente y para demostrarles que están sacando un partido del dinero que gasta el Gobierno en la investigación. Las agencias que financian una investigación científica tienen la obligación de dar explicaciones sobre las labores de investigación al público de forma clara y concisa.

Anteriormente hemos mencionado en este texto el papel que desempeñan las bases de datos especializadas RaDiUS y PubMed en la transmisión de información a la comunidad científica. Sin embargo, existen pocos sistemas comparables para la transmisión de información al público en general.

En Estados Unidos, la National Research Initiative (NRI, Iniciativa de Investigación Nacional), del Department of Agriculture's Cooperative State, Education and Extension Service, realiza un trabajo coherente en la transmisión de información científica al gran público. Distribuye lo que se denomina research highlits (titulares sobre la investigación), comunicados de prensa en los que se citan las investigaciones más importantes subvencionadas por la NRI y publicadas en una revista de revisión por pares. Los comunicados se escriben en un lenguaje sencillo y describen los resultados de las investigaciones y su impacto sobre la agricultura de Estados Unidos. Tienen un objetivo de utilidad y podrían servir como modelo para otras agencias interesadas en facilitar el acceso a los resultados de su investigación.

Las agencias gubernamentales tienen la responsabilidad de hacer que los resultados de las investigaciones subvencionadas por el Estado sean accesibles para el público.

Deberían elaborarse resúmenes en lenguaje sencillo describiendo los resultados y las implicaciones de las investigaciones y distribuirlos por diferentes medios, incluido Internet.