Entrevista
Daniel
Dennett
«Se
necesita encontrar una explicación a cómo la selección natural ha creado el
libre albedrío»
«It is necessary to find an explication to how natural
selection has created free will»
Cristina
Junyent
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Su obra se ha orientado hacia los dos campos centrales en la
teoría de lo mental: la intencionalidad o el contenido de los estados mentales,
sobre qué recaen y a qué se refieren; y sobre la consciencia, la vida interior,
subjetiva (emociones, impresiones, pensamientos) que acompañan a los procesos
neuronales del cerebro.
Dennett describe con gran agudeza la teoría de Darwin y
extiende sus argumentos hasta sorprendentes consecuencias. A pesar de haber
sido sometida a un continuo acoso por quienes han tratado de limitar o negar
sus implicaciones, la teoría darwinista de la evolución por selección natural,
una de las más controvertidas de nuestros tiempos, se mantiene vigente y
abierta a nuevas interpretaciones y desarrollos.
La
peligrosa idea de Darwin es una reflexión
profunda sobre lo que significa el darwinismo para el pensamiento, es un
análisis audaz, atractivo e innovador sobre el efecto revulsivo que ha supuesto
la teoría de la evolución en la visión actual del mundo.
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En su opinión, ¿puede la teoría de Darwin restringirse
a la biología, o cree que puede abarcar otros campos?
Creo que la teoría de Darwin puede extenderse
mucho más allá de los límites de la biología; en cada campo en que se demuestra
la creatividad es necesaria la perspectiva darwinista en uno u otro nivel; así,
la psicología se beneficia de la perspectiva darwiniana. Es menos cierto que la
perspectiva darwinista proporcione resultados valiosos en cosmología o en
física, aunque deben ser tenidos en cuenta algunos trabajos serios como el de
Lee Smolin sobre la evolución del universo.
¿Son la mente, la inteligencia, un producto de
nuestro cerebro?
Sí, desde luego.
¿Es la selección natural un mecanismo universal,
un algoritmo, que pueda explicar nuestras capacidades psíquicas?
Sí, por su puesto, si nos referimos a nuestras
capacidades psicológicas. Si hablamos de clarividencias o percepciones
extrasensoriales, no tenemos estas habilidades.
Entonces,
¿cuál es nuestra posibilidad de elección?
Lejos de ser una amenaza para nuestra sensación de
sentirnos libres, la teoría de la evolución puede explicar cómo evolucionó el
libre albedrío, qué es, y qué condiciones se requieren para su persistencia en
el futuro.
Y,
¿dónde queda la ética?
Nuestra perspectiva ética es una de las
características más interesantes de nuestra cultura, y debe, como otras
características altamente desarrolladas de nuestras vidas, haber evolucionado
de alguna manera. Por tanto, se necesita encontrar una explicación a cómo la
selección natural ha creado el libre albedrío. De hecho, esto es lo que ahora
estoy terminando, una continuación de mi libro de 1984 Elbow room, que esboza una explicación evolutiva del libre albedrío
y la ética.
Por tanto, la conciencia es también un producto
de la selección natural.
Sí, claro. ¿Son los ojos un producto de la
selección natural? Desde luego. Pero la conciencia humana es también, en gran
medida, un producto de la evolución cultural, que es a su vez un subproducto
especial, una variedad de procesos evolutivos que han evolucionado a su vez.
¿Cómo pudo haber aparecido el lenguaje? ¿Fue
necesario, o fue un subproducto de un cerebro en desarrollo?
No fue necesario, en el sentido de ser
inevitable; cada adaptación comienza como un subproducto de algo más, pero, una
vez en marcha, nuestra capacidad de lenguaje fue, seguro, una adaptación de
gran éxito, cosa que significa que debió evolucionar bajo una fuerte presión
selectiva.
En su opinión, ¿en qué difieren los genes de los
memes, las unidades de transmisión cultural?
Los memes son, como los
genes, estructuras informativas no concretas, abstractas. Los vehículos de los
genes son moléculas de DNA, pero decir que los genes están compuestos por DNA
es decir que En busca del tiempo perdido,
de Proust, está compuesto por tinta y papel. Los memes son estructuras
informativas que se replican por máquinas copiadoras subcelulares.
¿Cree que la sociobiología nos aporta una
explicación del comportamiento altruista?
Creo que la sociobiología, en
particular los últimos trabajos publicados en sociobiología --que no se pueden
denominar como tales por los que la practican (puesto que los enemigos de la
sociobiología se las han arreglado para empañar irreparablemente la reputación
de este término)--, tiene un papel ineluctable por desempeñar para explicar el
altruismo humano, ya que los trabajos publicados hasta la fecha sólo
proporcionan una parte pequeña de las explicaciones sobre cómo llegó a existir.
El comportamiento «altruista» de otras especies es un precursor importante para
explicar el altruismo humano, y se explica por sociobiología (por utilizar el
término denostado). Para explicar el altruismo humano hemos de ir más allá de
los trabajos primeros y contemplar también las sutilidades de la evolución
cultural. Hasta un cierto punto, podemos encontrar una simpatía básica «en
nuestros genes», pero el altruismo humano de las más variadas moralidades es
mucho más interesante que la simpatía en bruto.
¿Cuál es la diferencia entre la inteligencia
natural y la artificial? ¿Podrá una máquina de traducir suplir a un traductor
humano?
En estos momentos, las
máquinas de traducir se han desarrollado hasta el punto que lo hacen tan bien
como los traductores humanos, para propósitos rudimentarios. La poesía y otros
textos más sutiles y no formularios desafían todavía a la máquina de traducir,
pero, en estos casos, incluso traductores humanos profesionales encuentran en
estos textos un reto extremo y, a menudo, fallan espectacularmente en sus
intentos.
Deep Blue ganó a Kasparov,
¿hemos de temer a este tipo de situaciones?
Aquel que sea un entusiasta
de los juegos de ajedrez deberá temer, dado que el poder que confieren las
computadoras al ajedrez amenaza la estabilidad de los juegos y fuerza a un
cambio en las reglas oficiales. Solía ser una regla que un juego en que hubiera
cincuenta jugadas sin capturar una ficha se declaraba terminada (en tablas),
pero hace algunos años, un programa de ajedrez supo encontrar un final en
victoria inevitable tras más de cientos de movimientos sin una captura.
Intuitivamente, debería considerarse
una victoria, ¡no un final! Después de todo, cualquier humano experto puede
memorizar esta rutina y utilizarla para ganar juegos que de otro modo hubiera
abandonado como tablas. Por tanto, han cambiado la regla; ahora, oficialmente,
los jugadores han de acordar de antemano a qué definición de tablas se acogen.
Y, Bobby Fisher, abrumado por el uso creciente de computadoras por parte de
expertos que analizan y sistematizan aperturas de juego largas, ha impulsado
una propuesta global para adoptar una nueva regla radical: las posiciones de
las piezas principales (las de la fila de atrás) se deben determinar de manera
aleatoria al iniciar la partida. Se trata de un cambio de regla atractivo (de
la llamada a un cambio de regla), desde el momento en que aleja del alcance
humano las aberturas examinadas por computadora. En mi opinión, estos
desarrollos triviales en el ajedrez son ejemplos del tipo de reajuste para
nuestra misma imagen -y, en consecuencia, de nuestras vidas- que pueden llegar
muy lejos. Por tanto, sí, hay algo que temer de las computadoras. Pero esto es
algo que levanta el ánimo. Puede ser una mezcla fascinante de enormes costes y
enormes beneficios en los años que están por venir.
Daniel
Dennett
Nacido en Boston
en 1942, Daniel Dennett es uno de los grandes filósofos de nuestro tiempo. Su
pensamiento abarca las teorías de la conciencia, los procesos de la mente y la
inteligencia artificial; la ciencia cognitiva en general. Se licenció en
Harvard en 1963, y se doctoró en Oxford en 1965. Ha sido docente en las
universidades de California e Irvine (1965-71), y Tufts (1971-75). En la
actualidad dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts
(Estados Unidos), donde es catedrático de Filosofía. Desde 1987 es miembro de
la American Academy of Arts and Sciencies.
Libros publicados
por Daniel Dennett:
Content and
consciousness (1969).
Brainstorms (1978).
The elbow room
(1984).
The intentional
stance, Harvard, The MIT Press, 1989 [La actitud intencional, Editorial Gedisa, 1998].
Consciousness explained (1991) [La consciencia explicada,
Barcelona, Editorial Paidós, 1990].
Kinds of minds,
Londres, Weindenfeld, Nicholson, 1996.
Brainchildren: a
collection of essays (1984-1997), Harvard,
The MIT Press, 1998.
Darwin’s dangerous idea (1995): Finalista del National Book
Award 1995 [La peligrosa idea de Darwin,
Barcelona, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2000].
Libros publicados sobre las
teorías de Dennett:
Dahlbom, B. (ed.): Dennett
and his critics: demistifying mind, Oxford, B. Blackwell, 1993.
Dawkins, R.; Dennett, D.: The extended phenotype: the long reach of the gene, Popular
Science.
Segerstråle, U.: Defenders
of the truth, Oxford, Oxford University Press, 2000.
Ross, D.; Brook, A.; Thompson, D. (eds.): Dennett's
philosophy: a comprehensive assessment, Harvard, The MIT Press, 2000.