Crónica

 

Primera edición del Congreso Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología

 

First edition of the Conference Women and men: health, science and technology

 

Núria Pérez

 

La mujer ha sido invisible, transparente en importantes aspectos de la vida relacionados con su salud, el conocimiento y las nuevas tecnologías. El Congreso que se celebró en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), el pasado mes de febrero, organizado por la Concejalía de Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona y gracias a la colaboración de Merck, Sharp and Dome (MSD), puso de manifiesto el androcentrismo existente y la necesidad de un cambio de enfoque en lo que a género se refiere.

 

Hipatia de Alejandría (370-415) fue una de las primeras mujeres en la historia que contribuyó al desarrollo de las matemáticas. De forma excepcional para la época, Teón, matemático, filósofo y padre de Hipatia, hizo posible que su hija se convirtiera en astrónoma, filósofa y matemática, algo sumamente inusual en una sociedad en la que las mujeres no tenían derecho a la educación y en la que sus vidas transcurrían en casa entregadas a las «tareas del hogar». Teón, su padre, trabajaba en el Museo, escuela neoplatónica fundada por Ptolomeo dedicada a la investigación y a la enseñanza, que contaba con más de cien profesores. Cuenta su cronista cristiano, Sócrates el Escolástico, que Hipatia entró a estudiar con ellos y que incluso llegó a dirigir el mismísimo Museo. Hipatia se dedicó durante 20 años a investigar y a enseñar matemáticas, geometría, astronomía, lógica, filosofía y mecánica. Se convirtió en una de las mejores científicas y filósofas de su época, erudita de un conocimiento que los cristianos identificaron con el paganismo y que persiguieron. La negativa de Hipatia a abdicar de sus conocimientos y convertirse al cristianismo la condujo finalmente a la muerte.

Triste y desafortunado relato que hace de Hipatia una heroína, un símbolo, una palabra cargada de significado porque, aun después del tiempo transcurrido, reconocemos en ella algo que nos es cercano, compartimos algo de ella que re-creamos e identificamos como terriblemente actual y que hace que se convierta en estandarte del debate que nos ocupa: la presencia (o la ausencia) de mujeres y hombres en lo que concierne a salud, ciencia y tecnología.

Este debate reunió los pasados días 20 y 21 de febrero del 2003 a unas 250 personas con motivo del acto que se celebró en el auditorio del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), correspondiente a la primera edición del Congreso Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología, organizado por la Concejalía de la Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, y contando con el patrocinio y colaboración de Merck Sharp and Dome (MSD). Participaron en el mismo personas de procedencias académicas y profesionales muy diversas, tales como educadores, investigadores, funcionarios de la Administración pública, personal sanitario, etc.

El congreso se estructuró alrededor de tres grandes unidades temáticas: salud, ciencia y tecnología, a su vez, tratadas simultáneamente desde diversas perspectivas transversales:

 

·        Las particularidades biológicas, clínicas y sociales de las mujeres y los hombres.

·        La supuesta neutralidad en la creación del conocimiento científico.

·        La falta de vocaciones entre las mujeres por los estudios científicos o tecnológicos.

·        La visión de género en el entorno profesional.

·        El papel de las redes, las asociaciones y los organismos de participación.

·        Las actuaciones y programas para la promoción de la mujer en los campos de la salud, la ciencia y la tecnología.

 

Vladimir de Semir, concejal de la Ciudad del Conocimiento, y Lourdes Muñoz, concejala de Política de la Mujer, ambos pertenecientes a la entidad organizadora, el Ayuntamiento de Barcelona, abrieron las jornadas. Vladimir de Semir mencionó las distintas iniciativas europeas que, con los auspicios de la Unión Europea (UE), se están llevando a cabo en materia de género. Seguidamente, adelantó algunos de los resultados de la investigación realizada en el Observatorio de Comunicación Científica (OCC) de la Universidad Pompeu Fabra (UPF, Barcelona), en la que destacan los estereotipos presentes en nuestra sociedad en lo que a género se refiere, tema que será igualmente debatido en el esperado Forum de las Culturas que se celebrará en Barcelona en el 2004.

Lourdes Muñoz destacó que una de las consecuencias de estos estereotipos es la falta de vocaciones científico-técnicas que hay en la actualidad entre las mujeres. Como medio facilitador de la participación femenina y su comunicación, Lourdes Muñoz ve en Internet a un importante aliado.

Precisamente en este mismo sentido, Mercè Boada, miembro del Consejo Científico del Observatorio de Salud Mujer (OBSYM), presentó y describió un nuevo portal en Internet, un punto de encuentro que está dedicado fundamentalmente a la educación de la mujer en temas de salud.

Acto seguido, se dio paso a la conferencia inaugural del Congreso a cargo de Isabel Yordi, coordinadora del Programa de Género y Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Presentó ante la audiencia el documento marco Integrated Gender Perspectives in the work of WHO, el cual supone una integración transversal de género en los programas de salud como estrategia para llegar a una auténtica igualdad, equidad y justicia social entre hombres y mujeres. Afirmó Isabel Yordi que uno de los retos más importantes es el de integrar el género en todo el ciclo de vida, involucrando a los hombres en esta tarea, y conseguir con ello que las políticas se conviertan en acciones.

La primera de las tres mesas redondas previstas en el programa del acto fue la que llevó por título «Género y salud: diferencias y desigualdades», moderada por Izabella Rohlfs de la Universidad de Girona, y que contó con la participación de Carme Valls, Joan Benach, Carlos Álvarez Dardet y Montse Cervera.

Izabella Rohlfs reflexionó acerca de cómo afectan de manera diferencial a mujeres y hombres los factores socioeconómicos. Carme Valls, del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS), denunció el reduccionismo social, cultural, psicológico y reproductivo con el que se ha afrontado la salud de la mujer. La mujer ha sido invisible a la moderna investigación de principios activos, al acceso a los mejores tratamientos disponibles, y a muchos otros aspectos importantes para su salud y afirmó, todo por una confusión entre los términos género y sexo. Existen herramientas capaces de identificar patrones epidemiológicos distintos para hombres y mujeres. Una de ellas fue mostrada por Joan Benach, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UPF, quien presentó el Atlas de mortalidad de pequeñas áreas de España. Mediante este tipo de herramientas es posible evaluar riesgos de mortalidad en áreas muy localizadas y, asimismo, identificar diferencias de género en mortalidad y morbilidad.

Carlos Álvarez Dardet, de la Universidad de Alicante, y director de la revista científica Journal of Epidemiology and Community Health, manifestó que en la bibliografía científica no hay estudios con un enfoque de género y que, por tanto, no existen políticas de género suficientemente validadas, es decir, basadas en la evidencia. Se requiere, pues, una teorización integradora que abarque no sólo la vertiente biológica del ser humano, sino también su aspecto social.

Finalmente, se cerró la primera mesa redonda del Congreso Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología, con la ponencia de Montse Cervera, miembro de la asociación Ca La Dona: Xarxa de Dones per la Salut, quien hizo una revisión histórica de las principales reivindicaciones del movimiento feminista, resaltando el importante papel que han desempeñado las asociaciones como mecanismos de visibilización y debate social para mejorar la salud de la mujer. En opinión de Montse Cervera, la salud debe entenderse desde una perspectiva integral en la que cada mujer es protagonista y a la vez agente de su propia salud.

Eulalia Pérez Sedeño, catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia del Instituto de Filosofía del CSIC, retomó el pulso del congreso por la tarde con la conferencia «Las mujeres en la historia de la ciencia», en la que ofreció una perspectiva histórica de las mujeres ante la ciencia y la tecnología, desde la tradición clásica hasta nuestros días. Resaltó Eulalia Pérez Sedeño que cuando surgieron las academias y las sociedades científicas en el siglo xvii, momento en que la ciencia se organizó alrededor de determinadas instituciones, la mujer quedó ya excluida al no ser admitida en este tipo de asociaciones científicas.

La segunda mesa redonda del congreso, titulada «Género y ciencia: de la construcción del conocimiento a los aspectos profesionales», fue moderada por María Jesús Santesmases de la Unidad de Políticas Comparadas del CSIC y fueron sus componentes Ana Sánchez, Mercè Piqueras, Flora de Pablo y Rolf Tarrach. En su introducción, María Jesús Santesmases denunció la discriminación que sobre las mujeres existe y que impide que lleguen a acceder a las altas jerarquías del ámbito científico en igualdad de condiciones que los hombres. La mujer había estado escondida hasta el momento en que surgen, en los años sesenta, los movimientos reivindicativos feministas y ecologistas. Hoy en día, advirtió, queda una situación problemática todavía por resolver.

Ana Sánchez, del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer, abordó el tema del género desde una perspectiva de la construcción del conocimiento y afirmó que no hemos de olvidar que cualquier acto biológico está inmerso dentro de una cultura y que la reflexión es indispensable en todos los ámbitos posibles, también en el de la tecnociencia. Puso de relieve la paradoja que hay en la actualidad de considerar indistintos a hombres y mujeres para determinadas cosas y en cambio se siguen buscando diferencias de tipo cognitivo, genético, etc.

El tema de si se debe entender la actividad científica como una profesión fue desarrollada por Mercè Piqueras, miembro de la Asociación Catalana de la Comunicación Científica, la cual calificó de «enfermedad» la desigualdad de género que sufre el ámbito de la investigación. Tema que retomó Flora de Pablo, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien puso de manifiesto las barreras de acceso a las plazas académicas universitarias como claro indicio no de la falta de capacidad de las candidatas sino de una posible discriminación por género.

Para terminar la segunda mesa redonda, Rolf Tarrach, en su último día en funciones como presidente del CSIC, manifestó que aun reconociendo la discriminación jerárquica que existe para las mujeres, se ha de suponer que la adjudicación de plazas académicas se hace de manera «científica», por más que la evaluación de los aspirantes es sumamente complicada y que cabe esperar que tribunales distintos elegirán a personas diferentes. Tarrach sugiere realizar una valoración más global de los profesionales de la investigación, poner mayor atención a su entorno y a los aspectos humanos que conlleva el candidato, y no sólo a sus méritos académicos.

Abrió la jornada del segundo día del congreso, viernes 21 de febrero, la directora de la Unidad de Mujer y Ciencia de la Comisión de la Unión Europea, Nicole Dewandre, quien ofreció la conferencia titulada «Mujer y ciencia. Desafío para Europa». Dewandre presentó la situación actual de la mujer en Europa en torno a la ciencia, y explicó el trabajo que están llevando a cabo desde su Comisión para superar y corregir los sesgos que hay en cuanto a género a escala institucional y que están limitando la excelencia profesional. Para ello su programa proporciona instrumentos de negociación y herramientas de evaluación de la situación desde todas las perspectivas posibles: sociológica, histórica y filosófica.

La tercera y última mesa redonda dedicada a «Mujer, tecnología e información» estuvo moderada por Margarita Artal, directora del Programa Dona de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), programa que pretende acercar y promover la tecnología a los intereses académicos y profesionales de las mujeres. Los componentes de la mesa fueron Marina Subirats, Roser Cussó, Francesc Solé Perellada e Isabel Puig.

Marina Subirats, concejala y presidenta de la Comisión de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, se refirió a la enseñanza secundaria y a la motivación por la tecnología desde la perspectiva de género. Declaró que ha detectado un endurecimiento del argumento androcéntrico en la educación de las jóvenes y que para superar esta situación se requiere un cambio de mentalidad de nuestra sociedad que afecta a la manera de pensar y actuar también del profesorado.

Una propuesta encaminada a superar la inercia de una educación demasiado androcéntrica, es la que expuso Roser Cussó, del Instituto de Educación Secundaria Príncep de Viana. Desde su centro están implementando modelos curriculares que pueden favorecer el interés de las jóvenes hacía una formación académica y un interés laboral en el campo de la tecnología. A su vez, Francesc Solé Perellada, del Programa Innova de la UPC, presentó su ponencia centrada en la formación tecnológica de las mujeres en la universidad, y aportó una reflexión estética, ética y en términos de eficiencia, de la formación tecnológica que reciben las mujeres.

La tercera mesa del congreso se cerró con un emotivo testimonio: la experiencia personal de Isabel Puig, ingeniera y actualmente empresaria de Anima Enginyers. Contó las vicisitudes por las que fue pasando desde su etapa formativa en la universidad hasta su inserción en el mundo laboral. En la Facultad de Ingenieros, ella y sus compañeras no se sentían diferentes a sus compañeros de estudios, aunque reconoció en las de su género cierta actitud de «ocultación». Recordó su primer trabajo en el extranjero (Francia), donde siguió sin verse discriminada por el hecho de ser mujer. «Todos éramos iguales», afirmó. Prosiguió su relato explicando su incorporación laboral a la filial española de la empresa francesa en la que había estado trabajando, lugar en el que vivió, en ese momento sí, una situación de discriminación que la llevó a la resolución de emprender su propio proyecto laboral con la creación de una empresa propia.

Llegó el turno de valorar y extraer conclusiones de este primer Congreso Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología. Una primera valoración positiva fue el gran interés que suscitó la primera edición de este congreso y que ha abierto la posibilidad de repetir la experiencia en el futuro.

A modo de conclusión se puso de manifiesto, en primer lugar, que la salud es diferente y desigual en mujeres y hombres, y que se necesita un mayor apoyo por parte de las instituciones a fin de impulsar más estudios de género. La medicina ha seguido patrones androcéntricos que han hecho que las mujeres quedaran invisibles a la hora de acceder a la asistencia médica o también a la hora de considerar a las mujeres como sujeto de estudio para la investigación de nuevos fármacos.

En segundo lugar, la sociedad tiene ante sí suyo el reto pendiente de construir un pensamiento complejo acerca de los temas que afectan a las mujeres. No es una cuestión de «camuflarse» en el mundo de los hombres, sino más bien la de evitar la dicotomía hombres–mujeres, hablar menos de género o de sexo y pensar en la mujer desde una perspectiva feminista.

Y, por último, subrayar el importante papel que tiene la educación, esto es, la coeducación desde las etapas tempranas del desarrollo de niños y niñas, y el relevante papel de los medios de comunicación para hacer posible que el debate llegue a toda la sociedad para convertirse en un auténtico debate público.

Una de las primeras reacciones de la celebración de este congreso han sido los acuerdos a los que ha llegado el Ayuntamiento de Barcelona en su reciente consejo plenario del pasado 21 de marzo. A partir de este momento, el Ayuntamiento de Barcelona se ha comprometido a la creación de una Comisión Permanente, coordinada por la Concejalía de Ciudad del Conocimiento, cuyo objetivo será el de luchar contra las desigualdades entre mujeres y hombres en materia de salud, ciencia y tecnología; dar visibilidad de esta problemática de manera conjunta y coordinada con todas las áreas y departamentos municipales; celebrar este congreso cada dos años, e integrar este tema en el Forum de las Culturas, concretamente en el Forum Mundial de Mujeres, dentro del congreso internacional Public Communication of Science and Technology de junio del 2004.

Para cambiar y mejorar la realidad existente, una alianza entre hombres y mujeres se hace indispensable sin tener por ello que construir mundos paralelos.

 

 

Núria Pérez

 

Licenciada en biología y en filosofía por la Universidad de Barcelona (UB). Posgraduada en Farmacología y en Bioética y Calidad de Vida por la UB. Máster en Comunicación Científica por la Universidad Pompeu Fabra (UPF, Barcelona). Doctoranda del Programa Interuniversitario UAB-UB de Historia de las Ciencias. Investigadora en el Observatorio de Comunicación Científica y Médica (UPF).

 

nuria.perez@peca.upf.es