Acerquemos los estudios técnicos a las mujeres jóvenes

 

 

Let’s move technical studies closer to the young women

 

 

Margarita Artal

 

Es preciso vencer los roles sociales patriarcales que se transmiten en la educación diferencial de niños y niñas, en la escuela y dentro también del seno familiar. Se presenta el «Programa Dona» de la UPC como una iniciativa que persigue conseguir el interés de las mujeres por los estudios tecnológicos.

 

It is necessary to win the patriarchal social roles transmitted in the differential education of boys and girls, at the school and within the family. The programme «Programa Dona» of the UPC is presented as an initiative which aims to get the interest of women for the technological studies.

 

En la Universidad Politécnica de Cataluña, desde hace ya algunos cursos y dentro de las líneas estratégicas de su planificación, se ha considerado imprescindible incrementar el número de mujeres que estudian carreras tecnológicas. Cuando se ha empezado a sentir desde la Universidad que ésta es una necesidad, no solamente académica, sino social e incluso económica, es cuando se han empezado a analizar los importantes vacíos que se encuentran a la hora de averiguar por qué las mujeres jóvenes no están demasiado interesadas por los estudios tecnológicos. A través del «Programa Dona» de la UPC se han podido llevar a cabo estudios y acciones que pretenden precisamente incrementar el interés y la incorporación de las mujeres en los estudios y profesiones tecnológicas. Una de las reflexiones que nos permite la organización de estas acciones es la que presentamos en el presente escrito.

La cultura ha priorizado tradicionalmente unos conocimientos sobre otros, los ha compartimentado y ha establecido unos procesos de transmisión basados en la diferencia. La conducta que se espera y exige a veces, a cada uno de los individuos, depende de las normas establecidas, aprendidas e interiorizadas durante las primeras etapas de la vida y que están relacionadas con lo que se considera adecuado a la identidad: las niñas aprenden a ser más femeninas, más cariñosas, receptivas y dóciles; los niños aprenden a ejecutar actividades mecánicas, de fuerza, de competición y, a veces, de mucho más contacto físico que las niñas. Esto, al inicio del siglo xxi, continúa pasando!

La identidad del género masculino o femenino se consolida en nuestras sociedades patriarcales, que precisamente justifican como naturales muchos roles sociales basados en la maternidad. De esta forma, trabajos socialmente asignados se llegan a interiorizar de tal forma que configuran la personalidad de los individuos, llegando a moldear su comportamiento en todas las manifestaciones dentro de la sociedad: en la familia, en el trabajo y en los ámbitos de relación social.

Si nos fijamos en los modelos profesionales que la sociedad presenta, veremos que están cargados de valores. Uno de ellos ocupa un lugar destacado: su prestigio, ingresos económicos, el éxito y las posibilidades de alcanzar cimas de mandato.

Existen unos prototipos que incluso los actuales medios de comunicación promueven. ¿Quién no tiene presente imágenes de hombres jóvenes, dinámicos, atractivos y triunfadores, que tienen a sus pies dinero, coches y... mujeres? aunque bien es cierto que también empezamos a ver las imágenes contrarias. Pero ¿es necesario que unos estén por encima de los otros? Con estos modelos, las aspiraciones profesionales están marcadas por unos indicadores masculinizados que contienen unas capacidades y unos aspectos de autorrealización con los que las mujeres no se sienten identificadas, y cuando los imitan dan como resultados unas profesionales camufladas que poseen valores andrógenos.

Desde el «Programa Dona» de la UPC sabemos que existen muchos ámbitos desde los que es posible trabajar contra estos valores. En la escuela resulta muy complicado competir contra ellos, están tan marcados desde los medios de comunicación e integrados en el entorno que la inercia es muy fuerte; sin embargo, tendría que ser en la escuela donde se debería despertar un código de señales que permitiera a los alumnos y alumnas tomar determinaciones un poco más sólidas y que contrarrestaran los frágiles modelos que les vienen impuestos.

La familia es también un núcleo muy importante de aprendizaje de modelos y es desde donde, a menudo, se impulsa a los hijos e hijas a tomar decisiones que se aprenden naturalmente y que determinan posiciones y acciones de todo tipo. En este sentido, y por lo que hace referencia a las chicas, es muy importante la actitud de los padres y madres frente a las expectativas laborales y profesionales de sus hijas, primeramente respecto a las aspiraciones marcadas, que pueden ser clara y típicamente femeninas, y en segundo lugar por los contrastes que puedan establecerse respecto de sus hermanos.

Pero volvamos a la escuela. Existen países europeos en los que encontramos pedagogos que trabajan en las aulas desde la perspectiva de género y procuran establecer programas educativos basados en la coeducación. En nuestro contexto nos encontramos con algunos centros educativos que están especialmente comprometidos con el tema del género, pero la mayoría, de forma errónea, piensan que el solo hecho de tener juntos chicos y chicas en las aulas, ya es coeducación. Han olvidado el verdadero sentido de la palabra y del concepto.

Esta falta del valor de la coeducación en la escuela repercute en muchos aspectos formativos, pero en la orientación profesional o vocacional estas ausencias determinan futuras decisiones. ¿Qué aspectos se deberían tener en cuenta a la hora de comenzar a trabajar para favorecer la igualdad de oportunidades en la futura elección profesional? Quizás lo primero que deberíamos analizar es aquello que los especialistas mencionan como el currículo oculto, que actúa de forma no evidente o inconsciente entre los participantes, es decir entre el alumnado y el profesorado.

Existe currículo oculto por ejemplo en:

 

 

En el sistema educativo se debe ser tomar conciencia de estos elementos escondidos, deben analizarse, deben desmontarse para que el alumnado aprenda y adquiera actitudes y formas nuevas de comportamiento desde un punto de vista de la coeducación, del respeto y de la igualdad del género. Muchas veces es en la propia escuela donde, de una forma inconsciente, se discrimina desde un punto de vista social, desde la perspectiva de la inteligencia o en la forma diferente de tratar a niñas y niños. Es en la escuela donde debe plantearse la posibilidad de aportar valores diferenciadores en el momento de la educación.

Existe todavía discriminación por sexo en el sistema educativo y esta discriminación se da en aspectos muy sutiles. Aparece en el lenguaje, en las relaciones interpersonales, en los modelos que se mencionan o que se enseñan, en las perspectivas y en las tareas diarias. Esta discriminación no está, ni mucho menos, superada y el error es pensar que ya estamos en un plano de igualdad. Una de las pruebas que lo demuestran es que del sistema educativo siguen saliendo profesionales mujeres que continúan atendiendo las tareas que ancestralmente han atendido las mujeres: cuidadoras y educadoras; y profesionales hombres que siguen repitiendo los modelos tradicionales de utilización de herramientas o de detención del poder.

 

Conclusiones

 

El hecho de creer que la igualdad de oportunidades por razón de género ya existe nos coloca en una situación falsa y de pérdida de interés por un aspecto que todavía no se ha conseguido. No hemos alcanzado, ni de lejos, la igualdad deseada entre hombres y mujeres.

El sistema educativo no se plantea seriamente la igualdad de oportunidades en general ni la que hace referencia al género, en particular.

Esta falta de planteamiento conduce a una la repetición sin fisuras de los modelos establecidos desde el punto de vista del género.

Es innegable el avance de las mujeres, aunque estaban situadas muy atrás en la línea de salida. Es preciso despertar un sentimiento de necesidad para trabajar hacia la igualdad de oportunidades entre los hombres y las mujeres.

Existen pruebas evidentes de esta falta de igualdad. Una de ellas, el hecho de que las mujeres siguen sin estar presentes en trabajos aún muy dominados por los hombres, como los tecnológicos, y siguen alejadas de los dominios de poder y de influencia. Y lo están generalmente, no porque lo hayan elegido así, sino porque no se les ha dado la ocasión para decidirlo.

 

Margarita Artal

 

Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Ha trabajado en el Instituto Municipal de Educación (IME) del Ayuntamiento de Barcelona durante nueve años creando y gestionando recursos dirigidos a los centros educativos. Ha sido directora de un centro municipal de formación profesional, secundaria obligatoria y postobligatoria. En 1997 se incorporó a la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) como directora del Programa Dona. Actualmente forma parte del equipo técnico de la sección IV de la Conferencia Nacional de la Educación.

 

margarita.artal@upc.es