BRITISH MEDICAL JOURNAL TAMPOCO CREE A LOS "EXPERTOS" DE PHILIP MORRIS 

En el último número de Quark, el artículo "La campaña infumable de Philip Morris" revisaba el desarrollo de la estrategia publicitaria de la mencionada compañía tabaquera, destacando el porqué de la campaña, sus antecedentes, la forma en la que se había presentado al público general y cómo se había manipulado la información científica contenida en su texto. Es grato comprobar que en esta lucha frente a la "desinformación" no estamos solos. British Medical Journal recogía también un artículo en su n.º 7062, del pasado 12 de octubre, titulado "Passive smoking and health: should we believe Philip Morris’s ‘experts’?", enmarcado en la sección de educación y debate de dicha publicación.

George Davey Smith y Andrew N. Phillips, autores del artículo, coinciden en muchos de los aspectos tratados en nuestra revista apuntando, además, nuevas reflexiones sobre las desviaciones cometidas al registrar, analizar e interpretar los resultados del autodenominado European Working Group on Environmental Tobacco Smoke and Lung Cancer. Se discute también la posibilidad de que un grupo, cuyo soporte económico depende de una compañía o industria determinada, pueda actuar de forma independiente a su patrocinador, pudiendo incluso llegar a conclusiones contrarias a los intereses de la propia compañía. En este contexto, recuerdan una serie de estudios, financiados también por la industria del tabaco y llevados a cabo por Penn y col. en 1993 y 1994. En este caso, los autores concluyeron que la exposición al humo del tabaco en el ambiente seis horas diarias durante un período de 16 semanas conducía a un empeoramiento de la enfermedad aterosclerótica. Incluso tras repetir los ensayos en condiciones más favorables a los intereses de las tabaqueras, los resultados seguían siendo igual de concluyentes. Tras este segundo estudio, se retiraron las ayudas financieras a los investigadores.

Otro de los puntos destacados por Davey y Phillips son las múltiples desviaciones cometidas por el grupo de estudio. Entre otras, el hecho de considerar para el metaanálisis efectuado tan sólo los estudios realizados en poblaciones de mujeres no fumadoras, casadas con fumadores. La exclusión de investigaciones en las que se incluían varones no fumadores incita, sin duda, a pensar en una omisión deliberada, ya que con toda probabilidad, entre éstos, el riesgo de padecer cáncer de pulmón es mayor que entre mujeres. Uno de los temas sobre el que más insiste el grupo de "expertos", continúa el artículo, es la posible infravaloración del grupo de fumadores o exfumadores, a expensas de una sobreestimación del de no fumadores o fumadores pasivos. El dossier de Phillip Morris hace reiteradas alusiones a este hecho, ya remarcado por Lee. Lo que se omite, y así lo revela este artículo de BMJ, es que, en el propio modelo de estudio propuesto por Lee, no se diferencia el grado de exposición al humo ambiental con el argumento de que tal consideración podría dar lugar a errores de clasificación. Este tipo de actitud parece olvidar que quizá el factor que puede condicionar un mayor riesgo a padecer cáncer de pulmón no es el hecho de estar o no casados con un fumador, sino la concentración de humo inhalado diariamente. Es evidente que la situación es distinta para parejas en las que el fumador sólo está en casa ciertas horas al día y es diferente también el que acostumbra a fumar en el dormitorio o el que respeta algunas dependencias de la vivienda.

Según los autores de esta revisión, responsables también de un estudio sobre la esperanza de vida de fumadores y no fumadores, aparecido en el mismo número de BMJ, este tipo de conducta encaja perfectamente con el "comportamiento característico" de esta industria, definido por inserciones publicitarias y estudios realizados por "expertos", con información parcial y sesgada.